¿Discotequera por fuera, atormentada por dentro?Madonna y la soledad ontológica
Dra. Arantxa Hernández Piñero,
Tres Guineas
Please, come in, come in to love...
Por favor, entra, entra al amor...
“Love Without Words”
Madonna
“Discotequera por fuera, atormentada por dentro”, eso fue lo que me vino al corazón después de pasar buena parte del fin de semana del lanzamiento del nuevo disco de Madonna escuchando y bailando Confessions II en la sala de mi depa.
Hay una fuerza sonora y visual en todo lo que Madonna crea que, quizás, podría pasar desapercibida la poeta filósofa que ella también es. Hay un canto permanente al amor, sus canciones como oraciones de amor. El anhelo de ser amada. Y todas las vicisitudes del amor: la traición, la decepción, la desesperada espera, la pérdida… No solo en Ray of Light, considerado su disco espiritual, también en otros, y, por supuesto, en este. Hay también una conciencia vívida de la experiencia de la soledad y del frío metafísico que esta provoca. El amor que busca conjurar la soledad de la vida: la soledad ontológica. “Been so lonely, I can’t take any more” (“He estado tan sola, no aguanto más”)- canta en “I feel so free”, tema con el que abre el disco y el primer sencillo que lo anunció.
Pero, ¿de dónde viene esa sensación, ese sentimiento que acabo de llamar, más por hacer la gracia filosófica que por pomposidad académica, “soledad ontológica”? Sentirse sola en este mundo, profundamente sola: “sola como un solo dedo”, decía mi madre. Y de relaciones madre-hija, hija-madre va la cosa, me parece a mí. También va de no sentirse parte del mundo, de sentirse fuera, de sentirse ajena, de “no encajar”, dice la propia Madonna. Un deseo de pertenencia tan ansiado como esquivo. Pero, al mismo tiempo, un deseo de pertenencia con libertad. En “L.E.S Girl”, la canción que cierra el disco, Madonna escribe y canta: “Lost in a fragile world/ The nigth is kind/ The day is blue”. “Perdida en un mundo frágil/ La noche es amable/ El día es triste”. Sentirse perdida, sola y triste en el mundo. ¿A quién no le ha pasado?
Me parece que Madonna es muy consciente de las fuentes de esa profunda soledad y del vacío existencial a través del cual se manifiesta. En una entrevista de 1995, cuenta: “perder a mi madre a una edad tan temprana fue una experiencia devastadora, y, en verdad, me sentí completamente abandonada en ese momento de mi vida”. Afirma: “eso influenció todas las decisiones que he tomado, y me dejó un sentimiento de hambre, de necesidad, con un sentimiento de vacío”. Y reflexiona: “Creces con miedo a amar las cosas porque sientes que van a desaparecer”. En esta entrevista la artista tendría en torno a treinta y siete años: se le rayan los ojos al decir esto. Es un momento de gran intensidad emocional. Madonna continúa preguntándole al entrevistador si sus padres viven y si tiene una relación cercana con su madre para, finalmente, decir: “me encuentro en situaciones en las que estoy completamente frustrada y absolutamente nadie me puede hacer sentir mejor y siempre pienso ‘Dios, cómo me gustaría tener una madre a quien llamar’, pero no tengo”. El entrevistador le pregunta, con suavidad: “¿Cómo te las arreglas? ¿Tú sola?”. Madonna hace una pausa, cierra los ojos, traga saliva, asiente con la cabeza y llega a decir: “Sí”. Sus lágrimas asoman. Las contiene. Me conmueve tanto su conciencia como su vulnerabilidad, la apertura a compartir su vulnerabilidad (Puedes ver este fragmento de la entrevista en https://www.youtube.com/watch?v=nZIL453nlOU).
Algunas, como yo, hemos sentido que no hemos tenido madre a quien llamar, a pesar de que nuestras madres estuviesen vivas. El tipo de consuelo y apoyo que Madonna asocia con tener una madre no siempre es proporcionado, por las razones que sea, por la madre de una. Y en ese lugar, estructural si hacemos caso a lo que dice Luisa Muraro en el El orden simbólico de la madre (Madrid, Horas y horas, 1994), es donde, pienso yo, se instala la soledad ontológica y el frío metafísico. Es, además, lo que nos lleva a una búsqueda anhelante, también en lo que el anhelo tiene de ansia, del amor, de un lazo amoroso con el mundo, de un entrelazamiento mundano. Como ha escrito Jeanette Winterson (¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?, Barcelona, Lumen, 2012, p. 174):
Pero madre es nuestra primera historia de amor. Sus brazos. Sus ojos. Su pecho. Su cuerpo.
Y si más adelante la odiamos, nos llevamos esa rabia con nosotras y la soltamos con otras amantes. Y si la perdemos, ¿dónde vamos a volver a encontrarla?
¿Puede la madre ser “sustituida”, como parece teorizar el psicoanálisis clásico? Me aventuro a decir que Jeanette Winterson, Luisa Muraro y Madonna coincidirían en responder que no. En “Betrayal”, “Traición”, corte 14 de Confessions II, escuchamos: “You'll never take my mother's place”. “Nunca ocuparás el lugar de mi madre”. Me atrapó “Betrayal”, porque me fascinó el primer verso (“When the book of love is written, I am the writer”; “Cuando se escriba el libro del amor, yo seré la escritora”) y su composición musical, antes de saber que es una canción que la artista dedica a Joan Gustafson, la segunda esposa de su padre y quien la cría tras la muerte de su madre biológica. La canción nos da idea de que la relación fue complicada: además del verso citado, “Nunca ocuparás el lugar de mi madre”, que se repite dos veces, escuchamos: “Esta es la historia de una traición”, “Me traicionaste, me esclavizaste”, “Yo solía odiarte, ya no te odio”. “Betrayal” termina con una estrofa, es el estribillo, que a la largo del tema suena como un mantra y como una declaración a sí misma: “Abre la presa, deja que el agua se desborde/ Suéltalo, suéltalo, suéltalo”.
Hay, además, otra manifestación clave de esta experiencia profunda de soledad, de una soledad profunda que se siente, en ocasiones, como desolación. En una entrevista de septiembre del año pasado (2025), preguntada por si alguna vez se ha sentido como una outsider, Madonna responde: “I feel like an outsider in live”. Después de enumerar los distintos momentos de su vida en que se ha sentido “como una extraña”, dice: “Siempre me he sentido así, como cuando estaba en el Instituto. No encajo” (puedes ver la entrevista completa en https://www.youtube.com/watch?v=zUvRv5JrItk&t=61s). ¿Cómo una pérdida, como la muerte de una madre siendo niña, vivida como abandono, y el sentimiento de no tener lugar en el mundo se convierten en una “historia de supervivencia” (verso de “Betrayal”)? ¿Y cómo la supervivencia se transforma en libertad?
Outsider es la palabra escogida por la escritora inglesa lesbiana Virginia Woolf en Tres Guineas (1938), instando a las mujeres que iniciaban en el mundo de las profesiones a conspirar, para socavar la sociedad patriarcal, colonial, capitalista y militarista (¿nos suena?), en una “sociedad de las outsiders”. También es la elegida por la poeta negra feminista lesbiana Audre Lorde para nombrar su posición vital, la de una pertenencia múltiple incómoda, la que, al mismo tiempo, pertenece y no pertenece a distintas comunidades y resulta incómoda para las demandas de pertenencia única y exclusiva (Sister outsider, Nueva York, Crossing Press, 1984. Hay traducción española en la editorial Horas y horas, 2022). La escritora lesbiana Jeanette Winterson explora con agudeza y humor la dolorosa sensación de no encajar en su libro de memorias ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?, donde el sentimiento de abandono (de la madre biológica que la da en adopción) se mezcla cruelmente con el de rechazo (de la madre adoptiva) y el de traición, asociado a la mentira (porque su padre adoptivo y su madre adoptiva le ocultan el hecho de que ella es adoptada). Me impresiona la afinidad entre las reflexiones de estas autoras, incisivas críticas de la heterosexualidad obligatoria y el mandato de la feminidad que esta implica, y las de Madonna. Retomo la entrevista del año pasado: “Siempre me he sentido así, como cuando estaba en el Instituto. No encajo”. Y agrega: “No encajar es lo que te salva”. Todas estas artistas, incluida Madonna, nos dicen, a partir de su propia experiencia: no te amoldes, busca tu lugar y eso suele significar crea tu lugar propio.
Como en el caso de Audre Lorde y de Jeanette Winterson, la búsqueda de Madonna comienza con un movimiento, con una marcha: irse de la casa familiar. Como la bailarina en formación que ella era, el movimiento se convirtió en “historia de supervivencia” y en el lugar propio, en el lugar de la libertad. Y, como dije al principio, en el lugar de las canciones como oraciones de amor. Un amor que ha de ser cantado, llamado, convocado porque ha de ser reparado y cultivado, cada día. Por eso las plegarias son diarias, para hacer posible el amor, una y otra vez. Porque, como escribe Jeanette Winterson, amor es “La palabra difícil. Donde todo empieza, a donde siempre volvemos. Amor. Falta de amor. La posibilidad del amor” (245). “Love is the strangest thing”, “Only love can be so bizarre” (“El amor es la cosa más extraña que hay”, “Solo el amor puede ser tan raro”), canta Madonna en “Bizarre”, décimo tema de Confessions II.
Para conjurar el frío de la soledad y convocar la posibilidad del amor, Madonna nos da el remedio: bailar. Se habla poco, a mi juicio, de la relevancia del hecho de que la artista se forma con la gran coreógrafa y bailarina de la danza moderna Martha Graham. Para Madonna, sin embargo, es una de sus maestras y referentes fundamentales, como relata en la revista Harper’s Bazzar en 1994 (puedes leer la descripción de su encuentro en https://the-m-magazine.com/2020/09/01/on-the-cover-harpers-bazzar-usa-mayo-1994/. También es interesante: https://cerosetenta.uniandes.edu.co/madonna-y-martha-graham/). La artista lleva esa formación , hecha cuerpo en movimiento en ella, y la transforma en las pistas de baile de los antros gay neoyorkinos y en los escenarios de los conciertos pop, que, desde entonces, y debido a ella, se convierten en espectáculos visuales, performáticos y de danza.
En Confessions II Madonna presenta la pista de baile como “un umbral”, “un espacio ritual” donde “el movimiento reemplaza al lenguaje” (son versos de “One Step Away”, tercer tema del disco), donde oramos con el cuerpo. Donde los cuerpos se reúnen y se abandonan al ritmo. Empleé el frío como metáfora, el frío más allá del frío físico y climatológico, el frío existencial de la soledad. Pero el frío que nos vuelve gélidas es, a la vez, frío físico: el frío que pasó Madonna, antes de convertirse en estrella mundial del pop, cuando malvivía en Nueva York, sin domicilio fijo ni calefacción ni buenos abrigos ni comida caliente diaria. El frío de la tristeza, que podemos rastrear incluso en discos tan alegres como True Blue (1986). Quien ha tenido que vivir en lugares fríos sabe que ese frío atraviesa el alma (y, muchas veces, ese frío es también el frío de la migración, más o menos elegida o más o menos obligada), ese frío físico es siempre un frío metafísico. Por cierto, no he encontrado descripción mejor de este frío, físico y metafísico, que la de la novela Madre de leche y miel de la escritora amazigh-catalana Najat El Hachmi (Barcelona, Ediciones Destino, 2018, originalmente escrito en catalán).
Entonces, para Madonna, la pista de baile es el lugar en el que la reunión de los cuerpos enciende el calor de la vida. En “Danceteria” escuchamos:
It’s not what I say No es lo que digo
It’s not what I do No es lo que hago
It’s how my body language talks to you Es la forma en que mi lenguaje corporal te habla
I just wanna lose myself in the groove Solo quiero perderme en el ritmo
Get over here Ven acá
[…] […]
Face to face Cara a cara
Bodies all around Cuerpos por todas partes
Temperature is rising La temperatura sube
And the sweat’s dripping Y el sudor corre
En “Love Without Words” canta:
We all learn from what’s outside Todos aprendemos de lo que está afuera
But love from in Pero el amor nace desde dentro
You gotta burn just like a fire Tienes que arder como el fuego
But from within Pero desde tu interior
We come from the rhythm that set us free Venimos del ritmo que nos hizo libres
Call it trance Llámalo trance
Call it house Llámalo house
Call it love whitout words Llámalo amor sin palabras
Call it trance Llámalo trance
Call it techno Llámalo techno
Call it love without words Llámalo amor sin palabras
[…] […]
This is a club Este es un club
This is a temple of sweat and surrender Este es un templo de sudor y entrega
Where rhythm replaces reason and movement Donde el ritmo reemplaza a la razón y el movimiento
La idea, y, sobre todo, la práctica, del abandono es crucial. Es la que convierte el bailar en una práctica de trascendencia, en una práctica corporal de transcendencia: los cuerpos nos abandonamos al ritmo, nos perdemos en la música. La música viene de fuera, pero convoca algo en nuestro interior y es a esa suscitación a la que nos entregamos: “Tienes que arder como el fuego/ Pero desde tu interior/ Venimos del ritmo que nos hizo libres”. Esta apertura, este abandono, al ritmo y al fuego interior es el lugar de la libertad, la corporeización de la libertad, y la que permite que el amor entre y que entremos al amor, que el amor haga lazo entre nosotras, nosotrxs y el mundo. Es, como bien dice Madonna, una práctica espiritual de sanación (“Everything”, tema 7 del disco). Este es el arte de Madonna: convertir una historia de supervivencia en una práctica de libertad mediante la creación de obras de arte, sonoras, visuales, corporales y performáticas, como una creación de mundo.
Al inicio dije que “Discotequera por fuera, atormentada por dentro” fue lo que se me vino al corazón después de mis primeras escuchas de Confessions II. Ahora, después de este recorrido, digo: discotequera por fuera, sabia por dentro.

